Desconectar de la ciudad nos reconecta con nuestra esencia más profunda.

Considero que la desconexión nos sumerge en la coexistencia transitoria de dos realidades aparentemente opuestas: la fugacidad de la vida humana y la eternidad de los elementos naturales. En este encuentro, nos reconectamos con nuestra esencia más profunda y comprendemos la fugacidad de nuestra propia existencia en contraste con la permanencia de la naturaleza.

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